Acúfenos: Fisiopatología, Bioquímica y Tratamiento

ASPAS es una asociación radicada en Palma de Mallorca, que reune a padres de personas con trastornos auditivos, algunos de los cuales, simultáneamente a sus trastornos de hipoacusia presentan acúfenos.
Los responsables de ASPAS nos solicitaron tener una reunión con personas de APAT para que pudiéramos explicarles nuestras experiencias en el tratamiento de los acúfenos. El pasado día 3 de julio tuvo lugar la reunión-coloquio en la que por parte de APAT estuvieron presentes los psicólogos Josep Ribas (Barcelona) y Antoni Jiménez (Palma de Mallorca), y a la que habíamos invitado a asistir a todos los socios de APAT residentes en Mallorca. El contenido de lo expuesto por los representantes de APAT se transcribe a continuación. Una vez terminada dicha exposición tuvo lugar un amplio coloquio con los asistentes, en el que los Sres. Ribas y Jiménez atendieron a las cuestiones planteadas por los asistentes.

FISIOPATOLOGÍA. EL ACÚFENO

Consiste en la percepción de un sonido que no tiene una fuente exterior que lo genere. Puede percibirse en uno de los oídos (unilateral), en los dos (bilateral) e incluso hay afectados que explican que lo perciben en la cabeza. Se trata de una percepción subjetiva que debe distinguirse de la percepción de sonidos generados por el propio cuerpo (por ejemplo: latidos del corazón) que constituyen los acúfenos objetivos. En lo que sigue solo nos referimos a los primeros.

¿CÓMO SE GENERA UN ACÚFENO?

El acúfeno es consecuencia de una reorganización de la corteza cerebral generada por falta de estimulación coclear o por alteración de la bioquímica cerebral, o por ambas causas a la vez. Pero en todo caso se trata de un trastorno que puede estar originado por muy causas muy diversas, que en todo caso afecta al sistema nervioso central (SNC).

Entre las causas que generan dicha reorganización se encuentra la hipoacusia, y por ello es frecuente la simultaneidad de hipoacusia y acúfenos. Otras causas conocidas son los traumas acústicos, que a su vez generan hipoacusia (personas sometidas constantemente a sonidos de elevada intensidad: músicos, obreros metalúrgicos, militares, etc.), los fármacos ototóxicos, etc.

Las causas más habituales de la hipoacusia de conducción o transmisión son: otoesclerosis, colesteatoma, problemas en el tímpano, etc.; neurosensoriales: neurinoma del nervio acústico, enfermedad de Ménière, exposición constante a ruidos de alta intensidad, fármacos ototóxicos, etc.; y congénitas: anomalías congénitas que pueden provocar cambios en las estructuras del oído, infecciones que la madre transmite al bebé en el útero (toxoplasmosis, rubeola, herpes, etc.).

En la figura 1 se muestra el proceso de reorganización de la corteza auditiva.

38_fig1
38_fig2

FIGURA 1. Proceso de reorganización de la corteza auditiva tras una lesión en el órgano periférico (cóclea). Se produce una lesión en las frecuencias agudas de la cóclea, y por tanto una estimulación de las mismas frecuencias a nivel cortical. Tras un período de reorganización, se genera una amplificación de la zona cortical correspondiente a la frecuencia del borde de la lesión periférica.

Como conclusión de lo precedente podemos afirmar que el acúfeno es una actividad neural anormal, una sobrerrepresentación en la corteza auditiva de las zonas limítrofes a la lesión coclear, que es debido a la plasticidad cerebral como consecuencia de la falta de señal coclear.

EL MIEMBRO FANTASMA

Muchas personas que han sufrido la amputación de algún miembro, refieren tener la sensación de que el miembro amputado aún está presente, ya que siguen percibiendo sensaciones diversas en dicho miembro: dolores, picores, etc. Esta percepción o dolor fantasma no será permanente si se realiza el tratamiento oportuno.

Idéntica circunstancia ocurre con el acúfeno; si se realiza el tratamiento oportuno su percepción puede desaparecer, salvo cuando el afectado presenta lesiones cerebrales graves o irreversibles (ejemplo: haber tenido un ictus).

¿CÓMO ES EL ACÚFENO?

Es una señal débil de escasa intensidad; de 1 a 15 dB, que se puede percibir como de mucha más intensidad por causa de distintos factores. En la figura 2 se transcriben los resultados de una exploración realizada en el Área de Otorrinolaringología de una Clínica.

Debe tenerse en cuenta que si no hubiera factores que alterasen su percepción el acúfeno no sería percibido, y que el hecho de tener un acúfeno no significa necesariamente tener que percibirlo. Además, el acúfeno no siempre se percibe con la misma intensidad.

Los factores que incrementan la intensidad percibida pueden ser emocionales: ansiedad, insomnio, depresión, consejo médico negativo, etc. y mecánicos: bruxismo, problemas en la ATM (articulación temporomandibular), problemas en las cervicales, síndrome de dolor miofascial (puntos gatillo), etc.

38_fig2

FIGURA 2. Exploraciones complementarias y diagnóstico.

38_fig3-300x274 38_fig4.-248x300

 

 

 

 

 

FIGURA 3. Músculo masetero.                                                                              FIGURA 4. Articulación temporomandibular ATM.                            
FIGURA 5. Síndrome de dolor miofascial (puntos gatillo).
FIGURA 5. Síndrome de dolor miofascial (puntos gatillo).

BIOQUÍMICA CEREBRAL

Existe una correlación entre los trastornos emocionales y la bioquímica cerebral. Las alteraciones y/o deficiencias de determinados neurotransmisores están íntimamente relacionadas con la ansiedad, la depresión y el insomnio.

Formulamos una hipótesis de trabajo relativa a uno de los neurotransmisores: VALORES ELEVADOS DE SEROTONINA TIENEN CORRELACIÓN CON UNA BAJA O NULA PERCEPCIÓN DEL ACÚFENO.

Debemos explicar que esta hipótesis no ha sido validada por un estudio hipotético deductivo, procedimiento que sigue el investigador para hacer de su actividad una práctica científica, y que consta de: observación del fenómeno a estudiar, formulación de una hipótesis para explicar dicho fenómeno, deducir consecuencias o proposiciones más elementales que la propia hipótesis y, finalmente, verificar o comprobar la fiabilidad de los enunciados mediante la experiencia clínica. A pesar de no haber sido sometida a un estudio con las características anteriores, se ha enunciado atendiendo al elevado número de comprobaciones de la misma realizadas en consulta.

El neurotransmisor es una biomolécula que transmite información de una neurona a otra a través de la sinapsis. Los neurotransmisores son: serotonina, noradrenalina, acetilcolina, adrenalina, dopamina y gaba. La sinapsis es una unión (funcional) intercelular especializada entre neuronas o entre una neurona y una célula efectora (casi siempre glandular o muscular). En estos contactos se lleva a cabo la transmisión del impulso nervioso, que se inicia con una descarga química que origina una corriente eléctrica en la membrana de la célula presináptica (célula emisora), y una vez que este impulso nervioso alcanza el extremo del axón (la conexión con la otra célula), la propia neurona segrega un tipo de compuestos químicos que se denominan neurotransmisores que se depositan en el espacio sináptico (espacio intermedio entre la neurona transmisora y la neurona postsináptica o receptora). Estas sustancias segregadas o neurotransmisores son las encargadas de transmitir la información de la neurona a otra llamada neurona post sináptica.

La serotonina está sintetizada por determinadas neuronas a partir del aminoácido triptófano, el cual se encuentra en la composición de las proteínas alimenticias. La serotonina tiene un papel importante en la coagulación de la sangre, la aparición del sueño y la sensibilidad a las migrañas. Es precursora de la melatonina, hormona que regula el ciclo del sueño que produce el propio cuerpo humano. Los valores elevados de serotonina corresponden a estados de calma, autocontrol, estabilidad del humor y sociabilidad. Los valores bajos comprotan hiperactividad, agresividad, impulsividad, irritabilidad, insomnio, ansiedad y depresión, destacando distorsiones perceptivas como la anorexia, la hiperacusia y el acúfeno, y distorsiones cognitivas sobre uno mismo, sobre el mundo y sobre el futuro.

Los valores de referencia en sangre de la serotonina son de 40 a 400 mg/ml en hombres y de 45 a 450 mg/ml en mujeres. Se mide mediante un análisis de sangre. Hay que advertir que la medición en sangre puede dar falsos positivos ya que la concentración en la sangre que circula por el cerebro puede ser menor que la obtenida en un análisis de sangre mediante extracción en cualquier parte del cuerpo. Ello es debido a la existencia de la llamada barrera hematoencefálica existente alrededor del cerebro, que es una formación densa de células endoteliales y gliales entre los vasos sanguíneos y el SNC, que impide que muchas sustancias tóxicas la atraviesen (con lo que protege al cerebro) y que permite el paso de nutrientes y de oxígeno. La medición de la concentración de la serotonina debería realizarse a nivel plaquetario, la cual es muy compleja.

El cuerpo humano genera serotonina, parte en el cerebro y parte en otras áreas como en el tracto intestinal, y la concentración en sangre se ve afectada por la alimentación y la farmacología ingeridas aproximadamente en los cinco días anteriores a la extracción.

Sentado que la serotonina influye en el acúfeno, aunque sea meramente una hipótesis de trabajo, interesa conocer los factores que provocan un descenso de su concentración y saber cómo podemos aumentar dicha concentración. Hace descender la concentración de serotonina, en general, todo aquello que aumente la actividad cerebral, la ansiedad (cognitiva, fisiológica y motora), el alcohol, el tabaco, las sustancias psicoactivas y una alimentación inadecuada. La concentración de serotonina aumenta con todo aquello que rebaje la hiperactividad cerebral, la relajación (respiración diafragmática, relajación progresiva, autohipnosis/meditación, etc.), aumentando el ejercicio físico, con una alimentación rica en triptófano, con productos naturales y con distintos fármacos.

TRATAMIENTO

Dado que el aumento de la concentración de serotonina es importante para reducir la percepción del acúfeno, interesa conocer cómo podemos aumentar dicha concentración:

– Con todo lo que rebaje la hiperactividad cerebral.
– Mediante la relajación: respiración diafragmática, relajación progresiva, autohipnosis/meditación).
– Incrementando el ejercicio físico.
– Alimentación rica en triptófano.
– Productos naturales.
– Farmacología.

Para la descripción de las distintas técnicas de relajación nos remitimos al documento publicado por APAT: HABITUACIÓN A LOS ACÚFENOS que puede ser complementado con un DVD que muestra distintos ejercicios de respiración y de relajación que se puede descargar accediendo a https//vimeo.com/26315541.

Los productos naturales más utilizables son el 5-HTP (triptófano), el GABA (ácido gamma aminobutírico) y algunas hierbas relajantes. En cuanto a la farmacología disponible cabe señalar los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), pregabalina y mirtazapina.

La elección del tratamiento adecuado debe ser realizada por el facultativo, ya que depende de la clínica que presente el paciente y de su nivel de serotonina. Si los valores de ésta son muy bajos hay que recurrir al empleo de ISRS, de lo contrario la perspectiva de recuperación es muy limitada. No se debe simultanear el
uso de cápsulas de triptófano con ISRS, ya que se corre el riesgo de que aparezca un síndrome serotoninérgico que puede cursar con consecuencias negativas para el paciente.

Al margen de lo anterior debe prestarse atención a otros fármacos que pueda estar tomando el paciente prescritos para dolencias distintas del acúfeno que puedan ser ototóxicos. Son fármacos con efectos negativos para el sistema auditivo en general y para los acúfenos en particular, aumentando la intensidad con la que el acúfeno se percibe por alteración de la bioquímica cerebral. Remitimos al lector al documento ACÚFENOS Y FÁRMACOS publicado por APAT.

CONCLUSIONES

Es necesario desterrar la errónea y negativa idea de que el acúfeno no tiene solución. Incluso en los casos más severos, cuando el afectado presenta lesiones cerebrovasculares, se pueden mejorar los síntomas y conseguir que el paciente pueda tener suficiente calidad de vida.

Tenemos demasiados testimonios de facultativos que ante un paciente con acúfenos se han limitado a decirle que su trastorno no tiene solución y que deberá acostumbrarse a vivir con sus acúfenos. Estas actitudes deben sustituirse por actitudes constructivas y, a la luz de las informaciones precedentes, estudiar cual es el tratamiento óptimo dadas las circunstancias particulares del paciente.