Hiperacusia

Del libro de la sofróloga Patricia Grévin: J’ai des acouphènes

Al igual que el acúfeno, la hiperacusia hoy se reconoce como una patología ORL. Se define como una hipersensibilidad a los sonidos del entorno de una intensidad que sería aceptable para una persona normal. Se traduce en una modificación de la percepción auditiva bajo la forma de una ampliación o de una modificación de los sonidos. La sensación de una persona con hiperacusia puede ir desde una sencilla sensación de desconfort a una sensación dolorosa intolerable.

Es oportuno recordar que en el oído humano normal el ruido que causa dolor debe alcanzar una intensidad sonora de 120 dB o más. La mayor parte de los ruidos de la vida humana oscilan entre 30 y 90 dB, aunque aparecen niveles superiores en determinadas actividades: industria, manejo de armas, etc. En discotecas y salas de concierto el nivel máximo aceptado es de 105 dB. La persona que sufre hiperacusia presenta unos niveles de desconfort más bajos que los anteriores, del orden de 70 dB o incluso menos en casos extremos.

Como en el caso del acúfeno la sensación hiperacúsica aparece siempre, a todas las horas y todos los días. Los ruidos habituales de la actividad humana resultan difícilmente soportables: un bebé que llora, un perro que ladra, un teléfono que suena, un coche que frena, una ambulancia o un camión de bomberos que pasa con su sirena, etc. Los afectados describen así sus síntomas: «Tengo la impresión que todos los ruidos duplican su intensidad, que resuenan en la cabeza y resultan insoportables, como por ejemplo el ruido de los cubiertos en la mesa o el de un libro que cae al suelo».

La hiperacusia afecta al 2 % de la población aproximadamente, y en la mayor parte de los casos está acompañada de una audición normal. Puede ser uni o bilateral, y según explican los médicos especialistas aparece en el 40 % de las personas que sufren de acúfenos.

El diagnóstico del paciente que sufre hiperacusia, al igual del que sufre acúfenos, requiere en una primera etapa un estudio audiométrico completo para establecer la mejor vía de acción y de un seguimiento regular para conseguir la curación. Una segunda etapa consiste en evaluar la molestia, es decir el hándicap percibido por el paciente inherente al síntoma hiperacúsico en su vida social, laboral, etc., y para ello es posible utilizar diversos cuestionarios disponibles, como el de Khalfa (2002) o la escala EVA Escala Visual Analógica.

Si el estudio audiométrico confirma la existencia de la hiperacusia, como un síntoma distinto de una simple sensibilidad a los ruidos del entorno, el tratamiento puede tener varios enfoques:

– Establecer un protocolo de utilización de generadores de sonido establecido en estrecha colaboración del ORL y el audioprotesista.

– Por un tratamiento psicológico mediante la sofrología o mediante una terapia cognitivo comportamental, especialmente en los casos de hiperacusia en la que el paciente tiene comportamientos de elusión de los ruidos: «Yo no salgo por el miedo de destrozar mis oídos».

Como en el caso del acúfeno, se trata en principio de un fenómeno periférico al que a menudo se une un componente emocional.

A corto plazo, la acción del generador de sonido se describe por los pacientes como un «colchón» sonoro que disminuye los ruidos del entorno. A medio plazo, la acción del generador de sonido consiste en la disminución de la atención dispensada a los ruidos y participa probablemente en la reorganización de las vías auditivas.

Generalmente, a los 6 ó 7 meses de iniciado el tratamiento con los generadores de sonido se cesa en su utilización ya que se constata una curación total en la mayor parte de los casos. En este momento, el ORL y el audioprotesista deberán aconsejar al paciente en relación a las precauciones a adoptar en cuanto a los ruidos ambientales y deberán asegurarse que el paciente ha entendido los consejos. La curación puede alcanzarse según lo anterior en los casos de pacientes con hiperacusia sea cual sea su antigüedad.

Resumen. El tratamiento de la hiperacusia es más eficaz si se realiza en el ámbito de un equipo pluridisciplinar, pues como se ha descrito se precisa la atención del ORL, del audioprotesista y del sofrólogo o el psicólogo en su caso. Si el tratamiento es el adecuado, los síntomas pueden ser superados en un período de 6 meses.

Un testimonio esperanzador.

«Muy joven, comencé a tener acúfenos a causa de traumatismos acústicos repetidos (yo tocaba la guitarra eléctrica), y después, poco a poco, desarrollé una hiperacusia leve que se degradó con el paso del tiempo hasta ser severa los últimos años. Pero en este caso, esta evolución tuvo lugar sin que yo tuviera nuevos traumatismos. Me vi obligada a dejar de tocar la guitarra. Acudí a un equipo pluridisciplinar en el cual el ORL diagnosticó mi hiperacusia. He seguido un tratamiento TRT (reeducación de los oídos mediante un sonido blanco) y de acuerdo con los consejos del ORL y del audioprotesista , no me protegía en la calle a pesar de los dolores que tenía a causa de los ruidos ambientales. Dejé de utilizar los tapones del oído que utilizaba sistemáticamente cuando salía a la calle, lo que fue la etapa y la decisión más difíciles. Me ayudaron un tratamiento de sofrología y sesiones de terapia comportamental y cognitiva para aprender a calmarme, a abandonar todas mis ideas negativas que yo misma me representaba en relación al ruido, para exponerne progresivamente al entorno sonoro de mi actividad cotidiana. Aún siento algún dolor al escuchar en la calle las sirenas de las ambulancias o de los coches de policía, pero aunque mi oído sea aún sensible al ruido, considero que estoy curada de mi hiperacusia».
Madeleine (33 años).