La consulta ORL en acúfenos e hiperacusia: ¿dónde nos encontramos hoy?

Por el Dr. Alain Londero, ORL, Hôpital Européen Georges Pompidou, Paris XV. Extracto de la intervención del Dr. Alain Londero en la conferencia celebrada en la Asamblea General de France Acouphènes el 28 de marzo de 2015 en el Auditorium del Hôtel de Ville de Paris, dirigida a los socios de France Acouphènes. Transcripción por Dominique Vallée, publicada en La Revue de France Acouphènes nº 88 de junio de 2015. Traducción: Josep Boronat.

Introducción

Estoy al frente de una consulta sobre acúfenos en el Hospital Georges Pompidou de París desde el año 2000. Somos dos otorrinos especializados en acúfenos que recibimos entre 30 y 50 pacientes a la semana.
Hemos adquirido una cierta experiencia clínica aunque nuestros resultados son variados. El abordaje es pluridisciplinar ya que contamos con la ayuda de un psicólogo experto en TCC (terapia cognitiva-comportamental).
Disponemos de radiología y de un grupo de especialistas que nos ayudan. Por tanto, podemos realizar un abordaje suficientemente global de las situaciones que presentan los pacientes.

Para empezar, en relación a los acúfenos hay que ser claros: hoy no disponemos de un tratamiento que pueda curar. Cuando recibo a un paciente que ya ha sido visto por otros médicos de distintas especialidades, le pregunto: ¿Qué es lo que usted espera de mí?. Si su respuesta es: Yo deseo que usted elimine mi acúfeno, le respondo, quizá un poco abruptamente, pero con la sonrisa en los labios: adiós, hasta la vista. Aunque hay alguna posibilidad de eliminar el acúfeno, se trata de una promesa que no debe hacerse individualmente a cada paciente.

Es preferible, tanto para el paciente como para el médico, proponerse objetivos terapéuticos realistas y realizables. Por tanto, hay que desconfiar de todas las terapias de las que inevitablemente se reciben informaciones, cuyos objetivos son eliminar los acúfenos a toda clase de pacientes. Desconfiad de las terapias milagrosas, ya que en mi opinión no existen.

Decimos un acúfeno, pero de hecho hay acúfenos. Existe una gran diferencia entre un acúfeno generado por una pérdida auditiva moderada y estable o por una hipoacusia total, y un acúfeno aparecido después del tratamiento de un neurinoma del nervio acústico, e incluso del ocasionado por una sordera fluctuante como ocurre en la enfermedad de Menière.

Existe asimismo una notable diferencia entre los acúfenos debidos a un trastorno en las células ciliadas del oído interno o los que aparecen por lesiones en las vías auditivas centrales, o sea trastornos neurológicos a consecuencia de patologías inflamatorias por ejemplo, y los que aparecen sin que exista una sordera constatada en cuyo caso no hay relación entre acúfenos y sordera.

También existen acúfenos que aparecen en el momento de dormirse o modulados de acuerdo con distintos movimientos, por ejemplo de los ojos, de los dedos o de la cabeza, o al apretar los dientes. Tenemos también el acúfeno con o sin hiperacusia, y un tipo muy raro: la hiperacusia sin acúfeno. Todo ello cuestiona, aún sin respuesta cierta, los mecanismos fisiopatológicos de los acúfenos.

Finalmente hay que mencionar una posible relación causa-efecto entre el acúfeno y los trastornos psicopatológicos como el estrés, la ansiedad y la depresión. Hay distintos enfoques para establecer esta relación, pero ninguno explica con rigor la compleja relación entre estos síntomas distintos. Es cierto que un acúfeno o un hiperacusia va a generar un estado de estrés y de ansiedad, pero también es posible que un estado previo de ansiedad agrave un acúfeno sea cual sea la causa que lo produce. Un aspecto que creo muy interesante es que cada acúfeno aparece de una forma particular, es decir, los acúfenos aparecen en la escena auditiva de muy variadas maneras.

Estamos bombardeados permanentemente de informaciones sensoriales, y nuestro cerebro selecciona las informaciones más pertinentes. Algunas lo son más que otras por causa de su especificidad psicoacústica. Si un pitido muy agudo se escucha de pronto en esta sala, tendrá muchas más probabilidades de hacer que los asistentes tengan conciencia del mismo, que el ruido regular del sistema de ventilación de la sala. Es un tema que no ha sido estudiado como proceso de atención o de concienciación, sin embargo merece ser estudiado.

Podemos afirmar que, ciertamente, el acúfeno es un fenómeno muy complejo, y jamás habrá una respuesta única para este problema.

Tratamos con el máximo pragmatismo de mejorar las terapias que se aplican a cada uno de los tipos de acúfenos. Un buen ejemplo sería el siguiente: después de una intervención quirúrgica sobre un neurinoma, el paciente, en muchos casos, no tiene nervio auditivo, y aún así puede tener un acúfeno. Será necesario tener en cuenta esta circunstancia: una prótesis auditiva no tiene sentido ya que este paciente no podrá oír nada, ni la inyección de un fármaco ya que no tiene células ciliares; simplemente, habrá que prestar una atención especial a su situación particular.

¿En qué situación estamos actualmente?

1. Epidemiología. No disponemos de datos epidemiológicos. Los países anglosajones y los nórdicos están más avanzados en este aspecto. Las asociaciones de pacientes han realizado un verdadero trabajo para que las autoridades sanitarias entiendan que se trata de un trastorno real que puede ser handicapante, y que es preciso disponer de datos epidemiológicos que permitan conocer cuantas personas están afectadas por acúfenos, cuantas tiene acúfenos a consecuencia de una presbiacusia, cuantas personas jóvenes tienen acúfenos a causa de un trauma acústico como estar constantemente en espacios con sonidos muy intensos, etc. Se trata de mecanismos fisiopatológicos distintos y en consecuencias formas de abordaje distintas.

Un mejor conocimiento del problema puede dar lugar a mejores medidas de prevención, en particular, las normas de exposición al ruido en ambientes laborales o en otros ambientes desarrolladas en Europa en los últimos años, y que deberían ser aplicadas habitualmente, ya que evitan exponer a los trabajadores a ruidos que afectarían a sus oídos. También cabe tener en cuenta cada vez más el problema cognitivo que conlleva la exposición continuada al ruido: capacidades de atención y de memorización reducidas. También los openspace (espacios de trabajo abiertos) que están de moda van en la dirección contraria. Todo ello genera graves problemas a los pacientes con acúfenos; entienden mal, se fatigan más que los otros y, a menudo, el ruido del open space aumenta su acúfeno. Si el paciente tiene también hiperacusia, la situación se complica aún más.

2. Modelos fisiopatológicos. Los médicos dicen que el acúfeno es un síntoma, pero habrá que conocer el porqué de este síntoma, y por tanto disponer de un modelo fisiopatológico que explique cómo es que en algunos sujetos que tienen una pérdida auditiva aparece un acúfeno, mientras que otros sujetos con la misma pérdida auditiva no tienen acúfenos. Esto es un verdadero problema. ¿Qué es lo que ocurre en el oído? ¿Es que existe una disfunción del oído? ¿Es que el funcionamiento del oído difiere de un sujeto a otro? ¿Será que la respuesta cerebral a la pérdida auditiva es diferente para cada sujeto? ¿Por qué el acúfeno aparece como una percepción consciente en un sujeto y no aparece en otro sujeto? ¿Por qué en algunos sujetos la percepción consciente del acúfeno será rápidamente ignorada y en otros no lo será? Un paciente dice: Finalmente ya no me molesta tanto, y puede continuar como ahora, y para otro paciente esta misma percepción es un trastorno extremadamente importante.

De hecho, todo ello depende de la forma de aparición de la percepción del acúfeno. Es importante entender como un paciente que no tiene oído interno ni nervio auditivo puede percibir un acúfeno en dicho oído. Algunos modelos explican lo anterior y se perfeccionan constantemente. ¿Por qué entre millares de sonidos que nos bombardean continuamente, el cerebro escoje siempre al acúfeno en primer lugar? ¿Es el cerebro el que decide por ser una decisión automática? ¿Es una decisión que el cerebro ha aprendido? ¿Es un mecanismo que depende del acúfeno o que depende de la persona? Todos estos factores se van comprendiendo mejor cada día. Los factores ansio-depresivos son otro aspecto. El acúfeno aumenta la ansiedad, ¿pero esta relación actúa siempre en la misma dirección? ¿es el acúfeno el que aumenta la ansiedad o es la ansiedad la que aumenta el acúfeno? La comprensión de estos fenómenos es cada día mejor.

Cabe mencionar la hiperacusia asociada al 40 % aproximadamente de los pacientes con acúfenos. En un momento o en otro, un paciente acufénico de cada dos podrá tener una hiperacusia. Podrá durar algunos días o algunas semanas, e incluso puede no aparecer simultáneamente al acúfeno. Existe una relación entre acúfeno e hiperacusia, pero sin duda no son debidos al mismo mecanismo.

Existe un modelo actualmente muy aceptado por los especialistas, se trata del modelo de la ganancia central, que puede explicarse por una analogía aproximativa: el cerebro tiene la tendencia a comprimir la información sensorial que le llega, que constituye una ganancia negativa ya que pocas informaciones son tenidas en cuenta o tratadas, a pesar de la gran cantidad de informaciones recibidas. Ejemplo analógico: si estoy en una sala oscura durante 3 horas, mi cerebro abre las puertas y se dispone a recibir informaciones sensoriales que no recibe. De golpe abro las ventanas de la sala oscura y percibo una luz insoportable, no se debe a que la luz sea agresiva o a que mi ojo sea anormal, se trata de que la luz llega a un cerebro que tenía las puertas abiertas a esa información sensorial.

El cerebro auditivo de una persona con hiperacusia tendría la tendencia a tratar el entorno sonoro como el cerebro visual del ejemplo anterior. Todo ello puede tener implicaciones prácticas y teóricas sobre la forma de abordar el tratamiento de los pacientes acufénicos.

Para probar la utilidad de los modelos, hay que disponer de modelos animales: ratas, monos, etc. que tengan acúfenos y a las que se puedan aplicar las estrategias terapéuticas que podrán probarse antes de su aplicación en humanos. Actualmente ya se dispone de modelos animales válidos para probar modelos teóricos e hipótesis terapéuticas como inyectar una sustancia en el oído de una rata o estimular el cerebro de un mono para conocer si con ello sus acúfenos se mantienen o disminuyen.

3. Perfil genético. Otro aspecto en el que se progresa es en el contexto auditivo del acúfeno y en el propio acúfeno, ya que existe la convicción de que determinados factores genéticos juegan un papel en el envejecimiento del oído, llamado presbiacusia. Desde este punto de vista no somos todos iguales: Yo tengo sobre todo la tendencia a tener la audición que tenía mi padre o mi madre, y ella tenía la misma tendencia en relación a la audición de uno de sus padres…

Dicho de otra forma, la susceptibilidad para tener una pérdida auditiva se transmite: En cuanto a los sonidos de mi entorno, mi oído sufre si me expongo frecuentemente al ruido… Si acumulamos a la susceptibilidad genética los factores ambientales de exposición, el oído sufrirá y habrá un riesgo mayor de tener acúfenos. Se han identificado más de un centenar de genes implicados en los mecanismos auditivos.

Se han iniciado ensayos de terapia genética cuyos resultados estarán disponibles en 2017, en pacientes que tienen una sordera severa consecuencia de fármacos ototóxicos. Estos ensayos se realizan pensando en la sordera más que en los acúfenos, aunque ello induce a pensar que en años próximos, será posible establecer de forma específica por una terapia genética expresa los déficits que se habrán identificado en varios genes.

4. Evolución de las vías auditivas. Se trata de un aspecto en el cual los progresos son notables. Las técnicas de imagen han permitido tener un mejor conocimiento morfológico y funcional del oído y de las vías auditivas.

Es un concepto muy artificial separar los captores periféricos que es el órgano sensorial (oído interno) del tratamiento cerebral de la señal auditiva. Para oír es preciso un oído funcional y un cerebro que funcione. Por tanto preguntarse sobre la disfunción del sistema auditivo obliga a preguntarse sobre lo que es morfológica o funcionalmente anormal en el oído interno o en el sistema auditivo cerebral. Disponemos de un conjunto de técnicas de imagen, de forma que conocer la imagen funcional del cerebro es la gran revolución futura. Se empieza a visualizar la estructura cerebral y a comparar los volúmenes de las zonas cerebrales en los sujetos que presentan determinados síntomas, y a conocer como las distintas zonas cerebrales están conectadas entre ellas, y como los neurotransmisores, pequeñas moléculas que transmiten la información entre células (serotonina, dopamina, noradrenalina, etc.) están distribuidas de forma distinta en el cerebro de pacientes que tienen acúfenos o hiperacusia de cómo están en sujetos sin tales síntomas. Con seguridad, nada es un milagro, pero las técnicas progresan continuamente.

5. Fármacos. El sueño de todo facultativo sería poder dar a un paciente con acúfenos, unas píldoras a tomar a lo largo de una semana y que el acúfeno hubiera desaparecido. Es un sueño que tengo y que debo confesar. Pero es muy poco probable que un mismo fármaco tenga el mismo efecto en todos los sujetos. Dado que el acúfeno es una mezcla de oído, cerebro, hiperacusia, ansiedad, etc. es más que dudoso que una única solución valga para todos. Esta duda no impide que se trabaje en este sentido.

En este momento está de moda la inyección de distintas moléculas en el oído interno. Hay informaciones y estudios en curso sobre las moléculas AM101 y AM111, las cuales actúan sobre los neurotransmisores del oído interno en el que las células sensoriales, cuando tienen un traumatismo, o bien se reparan o bien se aniquilan. Hay fármacos que impiden o ralentizan la destrucción de las células sensoriales, lo que permite que el cerebro reciba información auditiva normal y no produzca acúfenos.

El NMDA es un receptor del neurotransmisor (el glutamato) encargado de transmitir la información auditiva, Existen medicamentos anti NMDA. Cuando el neurotransmisor percibe un sonido, las células ciliares producen glutamato que estimulará la fibra nerviosa que normalmente posee receptores AMPA. Si existe un traumatismo sonoro se produce un exceso de glutamato que inunda y anula los receptores AMPA los cuales son sustituidos por los receptores NMDA. Se supone que esta acción está en el origen de una disfunción, fuente hipotética de acúfenos. La idea es bloquear la producción de los receptores NMDA e impedir la disfunción.
Estos protocolos concernientes a los acúfenos son recientes, tienen menos de un año. Hay que aceptar que es un riego hacerse inyectar un medicamento en el oído interno, aunque pueda haber un seguimiento médico eficaz y continuado.

Hoy día, tenemos una carencia, tanto en cuanto a lo que sabemos hacer como en los entresijos de la industria farmacéutica, de medicamentos que puedan atacar al propio síntoma, el acúfeno, que permitan eliminarlo o atenuar notoriamente su percepción.

6. Ayudas o prótesis auditivas más eficaces. Otro punto en el que hemos progresado: las ayudas auditivas y en los implantes. Existe tal correlación entre pérdida auditiva y acúfenos que si se compensa la primera se puede disminuir la percepción del segundo.

Es la constatación de una experiencia clínica cotidiana, aunque haya que luchar contra la prevención ante una prótesis o ante un implante. Los materiales son más pequeños, más eficaces, más confortables y tienen más capacidad comunicativa hasta el punto de poder acoplarse a un iPhone, siendo posible disponer de una audición estereofónica, de entender a la persona con la que se está hablando aislando el ruido del entorno, etc. La vida resulta más fácil y, a menudo, produce un efecto enmascarador del acúfeno. Esto no resuelve el problema, pero cuando se lleva el aparato, tanto tiempo como sea posible durante el día, durante este tiempo el acúfeno deja tranquilo.

Esto no es exactamente igual para todos los pacientes, pero globalmente, si el paciente recibe un entrenamiento correcto, vuelve con una sonrisa diciendo: De acuerdo, yo oigo mejor, pero sobre todo desde que tengo mis aparatos, francamente esto va mejor para mi acúfeno.

Esto se debe al hecho de que los aparatos pueden amplificar gamas de frecuencias más altas de manera natural. No es lo ideal pero significa un progreso real y permanente. En uno o dos años, un concepto de prótesis auditivas muy innovador será capaz de amplificar hasta 10.000 ó 12.000 herzios y dará un sonido aún más claro y más natural, lo que comportará una posibilidad de enmascaramiento muy superior para los pacientes que tienen acúfenos superagudos, lo cual aún no es posible hoy en día.

Idéntica consideración en relación a los implantes cocleares. Cuando hablo con un implantado no puedo evitar admirar el trabajo de los inventores. Si un día perdiera la vista me gustaría que me pusieran una cámara en el ojo para poder ir al cine. Cuando se hace un implante coclear, el invento permite tener una verdadera relación social y, además, aliviar el acúfeno.

7. Psicoterapias adaptadas. Se trata de un aspecto problemático, ya que no es fácil hablar de psicoterapia al paciente con acúfenos. Estoy convencido que el acúfeno no es un problema puramente psicológico. Los pacientes no tienen acúfenos porque sean ansiosos o depresivos, esto no es así de sencillo, aunque yo sé que las psicoterapias prestan un servicio a mis pacientes. Le ayudan a tolerar una situación que sería muy difícil de gestionar.

Aunque la técnica médica sea la mejor arma para el abordaje del acúfeno, muchos estudios rigurosos muestran la eficacia de las psicoterapias. Pero en Francia nos faltan recursos, hay pocos psicólogos formados en terapias dedicadas al acúfeno. Alrededor de ello se describen muchas terapias de las que no conocemos
realmente la validez: hipnosis, acupuntura, sofrología, etc. Siempre resulta difícil para un médico como yo proponer un tratamiento que no es reembolsado (que no atiende la Seguridad Social francesa) y que, por tanto, cuesta dinero. Pero lo que es seguro, es que un paciente no pierde nada y gana siempre cuando practica con eficacia un buen sistema de relajación.

8. Criterios de evaluación. Se trabaja también sobre la evaluación, ya que cuando se quiere experimentar en el tratamiento de los acúfenos caben dos actitudes; actitud minimalista: pido al paciente que me explique sus molestias antes del tratamiento y después del mismo, es decir cómo han evolucionado sus molestias con el tratamiento; y me dice: si, un poco, no, puede ser, etc.; es un primer método de evaluación que es excesivamente subjetivo. La respuesta responde al momento del paciente, no tiene cuantificación precisa como a los científicos les gusta, que es correlacionar mediante cifras los factores del tratamiento. La otra actitud es la de utilizar los cuestionarios, que se acreditan como validados, que se refieren al hándicap relacionado con el acúfeno, a su severidad, y a la angustia soportada, lo que permite un análisis más profundo.
Actualmente, a pesar de la existencia de estos cuestionarios, no contamos con ningún método objetivo que nos permita verificar lo que el paciente nos dice de su acúfeno. Concretamente, lo ideal sería que cuando un paciente me dice: Sufro terriblemente por mi acúfeno, yo pudiera medir su actividad cerebral para comprobar en qué se diferencia de la actividad cerebral media de la población; y en el supuesto de aplicarle un tratamiento, sea transcraneano magnético, sea farmacológico o sea cualquier otro, el paciente volviera a la consulta y dijera: Esto ha mejorado, sería deseable que yo pudiera medirle nuevamente su actividad cerebral, y compararla tanto con la medida cuando llegó a la consulta la primera vez como con la de la población sin acúfenos.

9. Un rapport consensuado. Dado que no tenemos la posibilidad enunciada anteriormente recurrimos a dos métodos: la evaluación psicoacústica del acúfeno (medida de la frecuencia, de la intensidad, del nivel de enmascaramiento, etc.) y a los cuestionarios de evaluación del trastorno generado por el acúfeno; y estos métodos los aplicamos cada vez mejor.

Otra ventaja de esta evaluación es la de poder hacer un rapport consensuado. Si deseo comparar lo que yo hago con lo que hacen otros colegas franceses y de otros países, necesitamos emplear las mismas herramientas de evaluación, ya que de lo contrario no podremos confrontar nuestros resultados, no sabremos jamás cual es la mejor intervención y no podremos beneficiarnos de las experiencias de los demás. Existen ya programas internacionales que requieren métodos de evaluación consensuados para poder comprender mejor la convergencia de los resultados y la eficacia de las terapias puestas en práctica. Es necesario comprender la heterogeneidad de los acúfenos y desarrollar nuevos tratamientos.

Existe un estudio que incluye a 30 paises de Europa, para decidir estrategias comunes. Hay reuniones dos veces por año de los distintos grupos. Esto da lugar a un aumento de la efectividad y permite beneficiarse a todos los pacientes europeos de los mismos avances. Si yo fuera un paciente, estaría esperanzado al saber que la comunidad científica reconoce al acúfeno como un verdadero problema y se moviliza para encontrar soluciones.
Pocos proyectos movilizan a tantos participantes. He aquí la situación en la que estamos en esta fecha, principios de 2015. Pero en relación al futuro yo no voy a hacer ORLmancia (el arte de las predicciones arriesgadas).

Conclusión

Hay razones para la esperanza. No hay eventos milagrosos pero las cosas progresan lentamente, existe mucha investigación aplicada, se comprende mejor que es lo que ocurre en el acúfeno, y todo ello permite esperar que los progresos técnicos constantes podrán prestar un buen servicio a los afectados por acúfenos y por hiperacusia.

A la conferencia siguió un coloquio con los asistentes que formularon distintas preguntas a las que el conferenciante dio respuesta. Creemos que dos de las respuestas, relativas a los fármacos ototóxicos y al sueño, tienen particular interés para todos los que tenemos acúfenos, y por ello las hemos traducido y publicado. Una tercera pregunta relativa a la relación entre los acúfenos y la dieta alimenticia tuvo una respuesta poco concreta, que aunque aporta pocas novedades informativas, transcribimos a continuación de las otras dos respuestas.

A la pregunta: ¿Pueden los medicamentos tener influencia en la percepción del acúfeno, por ejemplo usted habló de la aspirina?, el Dr. Landero respondió:

Esta cuestión es muy complicada por muchas razones. La primera es que es absolutamente cierto que determinados medicamentos y determinadas sustancias químicas son tóxicas para el oído interno. Las más comunes son los derivados de la quinina, determinados antipalúdicos, diuréticos, algunos fármacos utilizados
en la quimioterapia en particular los derivados de las sales de platino, la aspirina en dosis elevadas, algunos antibióticos, y también los amidósidos utilizados en reanimación que forman parte en algunos casos de aerosoles para tratar bronquitis o sinusitis. También los macrólidos como la eritromicina deben evitarse.

Nota de APAT. Véase el documento ACÚFENOS Y FÁRMACOS publicado en diciembre 2014.

Además de los fármacos cuyo efecto sobre el acúfeno está comprobado, hay otros de los que se han descrito efectos sobre el sistema auditivo (acúfenos, vértigos, sordera, etc. ), aunque son efectos muy poco frecuentes (menos de 1 caso sobre 100 pacientes). Si un paciente con acúfenos que lee una información sobre un fármaco del cual se indica este riesgo, decide no tomar el fármaco, en realidad está evitando un riesgo muy pequeño. Esta situación es comparable a la provocada por los accidentes de aviación, no por ello se deja de utilizar el avión. Se trata de tomarlos bajo control, limitando su empleo, tomando una dosis a prueba, evaluando su efecto después de un día de tomarlo, se puede, de acuerdo con su médico, tomar el fármaco que se habrá prescrito justificadamente para otra patología. Es el caso de muchos antiinflamatorios no esteroideos AINEs ampliamente prescritos (Nifluril, Voltaren, etc.) de los que se ha publicado su ototoxicidad, aunque con muy poca frecuencia. Si se conoce un AINE que se tolera, es mucho mejor seguir tomándolo antes que cambiar a otro de tolerancia desconocida.

Existen también sustancias químicas nocivas como los disolventes tolueno, xilol, etc. que se utilizan en la industria. Se sabe que tienen un efecto acumulativo al del ruido, es decir, si se está expuesto al ruido y al disolvente, la acción conjunta de ambos es muy ototóxica. Esto se ha demostrado en animales, y también en
estudios epidemiológicos en humanos en determinados puestos de trabajo.

Otra pregunta de uno de los asistentes fue: Me gustaría conocer la incidencia de los acúfenos sobre el sueño. La respuesta del conferenciante fue:

Hay mucha relación entre el sueño y el acúfeno. En primer lugar el acúfeno perturba el sueño. Una de las principales quejas de los pacientes es la dificultad de conciliar el sueño y, en el momento de despertar, la percepción del acúfeno que anuncia que el día va a ser difícil por la intensidad percibida.

Ayudar a conciliar el sueño a una persona con acúfenos es un verdadero desafío. Durante el día, uno está ocupado por el trabajo, en ocupaciones lúdicas, etc. y entonces la percepción del acúfenos es menor, o sea menos intensa. Pero si se duerme mejor uno está más descansado y por tanto más relajado, y la intensidad
del acúfeno percibida es menor durante el día, y con ello se duerme más fácilmente por la noche, lo que da lugar a un círculo virtuoso que favorece la menor percepción del acúfeno.

¿Cómo dormir? ¿Con la ayuda de somíferos, de ansiolíticos, de antidepresivos, o mediante sonidos placenteros que se perciben durante un tiempo limitado? ¿Es lo más conveniente enviar al paciente a la consulta de un psicólogo especialista en el abordaje del insomnio?

Actualmente, la respuesta más efectiva a estas preguntas es la Terapia Cognitivo Comportamental dedicada al sueño. Es mucho mejor que los somníferos, es eficaz durante largo tiempo, pero es preciso que el paciente, voluntariamente, haga los ejercicios que se requieren y que habrá propuesto el terapeuta, que serán más o menos difíciles según sea la actitud del paciente, pero que suele funcionar positivamente.
Otra dificultad puede aparecer; es el caso de una persona con acúfenos de cada diez, en la que el acúfeno
está modulado por el sueño. El simple hecho de dormirse tiene como consecuencia, al cabo de 5 minutos, el
aumento del acúfeno.

La pregunta fue: Me gustaría conocer si existe relación entre acúfenos y régimen alimentario, y entre acúfenos y actividades físicas y acúfenos y decalaje horario cuando se viaja. Y la respuesta:

Esta respuesta no será científica. Cuando escucho a un paciente, muchos describen modulaciones de su acúfeno por la fatiga, por su actividad física, por su régimen alimentario, por la variación de la presión atmosférica (montañeros) y por el decalaje horario. Varios mecanismos pueden influenciar la percepción pero yo no puedo ahora analizarlos. Ciertamente el factor de modulación más frecuente es la fatiga: Yo he dormido mal y percibo mi acúfeno más intensamente. En cuanto a la alimentación hay dos problemas, sea el hecho de comer que aumenta el acúfeno después de la comida (hecho frecuente), o sea el contenido de lo que se come.

Está de moda decir que el vientre es el segundo cerebro, ya que el intestino tiene casi tantas neuronas como el cerebro. Se cree que algunas patologías digestivas pueden tener un origen cerebral e, inversamente, que un estado patológico digestivo puede tener consecuencias sobre determinados estados psicológicos debido a la acción de los neurotransmisores que se intercambian entre los dos órganos.

Hay trabajos muy interesantes sobre la anorexia y sobre la bulimia que se encuentran en pleno desarrollo.
Por todo ello, la influencia de los factores digestivos sobre los acúfenos no debe despreciarse. Esto no ha sido probado científicamente, pero tiene sentido, aunque sea de forma intuitiva.

Una cuestión distinta sería: ¿Puede ser que lo que yo pienso hoy puede tener influencia sobre mi audición mañana y sobre la aparición de acúfenos dentro de 10 ó de 20 años? Si usted puede prevenir la dibetes, la hipertensión, el colesterol, etc., usted se hará un servicio a sí mismo procurando que un órgano tan noble como el oído interno no sea objeto de trastornos vasculares, y más sabiendo que estos trastornos pueden destruir otros órganos como la visión por causa de la diabetes.

Hay que concluir que la salud es lo que se come, y que todo desequilibrio puede ser altamente dañino.

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A Martin Luther King sus acúfenos no le impidieron tener un protagonismo indiscutible en la lucha por los derechos de las personas de color en Estados Unidos.